El paisaje urbano del barrio de Parque Patricios sumó un nuevo foco de atención e incertidumbre vecinal tras colocarse el tradicional cartel de venta en uno de los inmuebles industriales más representativos de la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires. El imponente predio, desocupado desde la irrupción de la pandemia de COVID-19, busca nuevo dueño por un valor fijado en 6 millones de dólares.

Historia y características de un gigante arquitectónico

Levantado originalmente en 1941, el edificio funcionó como la emblemática planta de elaboración de la tradicional bebida alcohólica hasta el año 2000, fecha en la que la producción de Fratelli Branca Destilerías se trasladó de manera definitiva al complejo ubicado en la localidad bonaerense de Tortuguitas. Años más tarde, en el marco del impulso al Distrito Tecnológico, las instalaciones fueron alquiladas temporalmente por la firma global Tata Consultancy Services (TCS).

Ubicado estratégicamente sobre la calle Uspallata al 3000 —a escasos metros de la sede central del Gobierno de la Ciudad y frente al Parque de los Patricios—, el predio ocupa una superficie de más de 4.000 metros cuadrados y cuenta con unos 11.000 metros cuadrados cubiertos. Su estructura abarca el centro de la manzana delimitada por Uspallata, Monteagudo, Los Patos e Iguazú, disponiendo de accesos múltiples, tres plantas sobre el frente principal, cuatro niveles hacia la calle Los Patos, dos subsuelos y patios internos.

Incertidumbre vecinal y polémicas por su futuro destino

La aparición de la inmobiliaria encargada de la comercialización encendió rápidamente las alarmas entre las asociaciones patrimonialistas y los vecinos del barrio. De acuerdo con los datos brindados por la firma inmobiliaria a cargo, el inmueble no posee ningún tipo de protección patrimonial oficial, lo que abre un abanico de posibilidades comerciales para los inversores interesados.

Entre los destinos potenciales que se evalúan se encuentran:

  • La reconversión integral para el desarrollo de oficinas corporativas o espacios comerciales.
  • Su transformación en un complejo de viviendas particulares o lofts urbanos.
  • Su utilización estratégica como centro logístico o de distribución de «última milla», impulsado por el crecimiento del comercio electrónico.

Sin embargo, esta última alternativa genera profunda preocupación entre los residentes de la zona, quienes advierten sobre el impacto negativo que el flujo constante de vehículos de carga pesada y el desarrollo de una obra de gran envergadura podrían acarrear sobre la tranquilidad y las estructuras de los inmuebles linderos. Mientras se define quién adquirirá el histórico solar, el futuro de una de las postales fabriles más entrañables del sur porteño permanece bajo absoluta expectativa.